Cuentan los ancianos que el fin del siglo se acercaba.
Que había miedo entre la chusma y la incertidumbre se adueñaba de las almas.
Que no había esperanza, que los tambores callaban y los doctores temblaban.
Caían las lágrimas suplicando por una esperanza.
Lágrimas de angustia, de una ilusión que se esfumaba.
Lágrimas que empiezan en uno y terminan en otro.
Lágrimas que son pequeñas ante tan gran herida.
Lágrimas que se multiplican y estremecen el alma.
Lágrimas que nunca han de callar, lágrimas que aunque cesen, su marca han de dejar.
Allí se escucha el grito mudo de quién quiere cambiar.
Allí un nuevo héroe se quiere forjar… el mundo cambiar.
Allí han dicho que una esperanza hay; que es grande el riesgo, mas eterna la victoria.
Y la batalla ha comenzado para ellos.
Ha comenzado la conquista del camino del nunca volver.
Las escaramuzas han dejado sus marcas.
El tiempo ha pasado y gente amada ha quedado.
Mas la pequeña Juana ha llegado y la batalla se ha ganado.
El tiempo y sus héroes decretaron ser tres.
Y tres por siempre han de ser.