6 de Octubre, 2020
13 de Marzo, 2021
San Fernando, Buenos Aires
Sr. Presidente:
He sufrido bullying.
Poco tiempo falta para cumplir mi primera treinteña, y como estimo es habitual, me veo sumido en una retrospectiva.
Comencé mi vida educativa en un pequeño jardín de Morón, llamado "El Pato Renato". Luego cursé hasta 8vo grado del EGB en un colegio de buena reputación (el Juan Bautista Alberdi, de Castelar), siendo becado, donde honestamente mi último año resultó muy tortuoso... viajando en colectivo aproximadamente por una hora desde Castelar hasta Hurlingham, donde residía. Llegando algunos días pasadas las seis de la tarde a mi hogar.
A partir de 9no grado, estuve en dos colegios promedio de Hurlingham. El cambio de colegio me trajo a la vez muchos cambios de entorno. Los barrios eran distintos, las problemáticas distintas... el nivel de exigencia había caído también bastante.
Recuerdo por aquellos años, que me destacaba en las materias de exactas, matemática, física, etc. Siendo responsable con esta habilidad, intenté por todos los medios compartir el conocimiento que iba adquiriendo con mis compañeros. Horas y tardes enteras dedicadas a explicar, a acompañar, a "estudiar con...". Incluso, incontables horas de verano dedicadas a ayudar a quienes se habían llevado las materias.
Y lo hacía con alegría, que no quepa duda, era feliz en ayudar a mis compañeros.
Sin embargo, tenía un problema: no era feliz. Porque no era habilidoso jugando al fútbol. Ni jugando videojuegos. Era siempre el último al que elegían para ser su amigo, pero era el primero a quién pedían ayuda cuando no podían resolver sus asignaciones.
Y quizás hay una razón exclusiva para haber sido el excluido de los círculos sociales: estaba solo, en mi habitación, estudiando, ejercitando, investigando, intentando comprender qué me querían comunicar mis docentes, formulando preguntas relacionadas e intentando responderlas. No estaba, como mis compañeros, en la calle jugando con una pelota, ni estaba en una reunión alrededor de una mesa repleta de alcohol.
Ser el excluido, ser "el raro" fue el sacrificio que tuve hacer para poder educarme, para formarme, como persona y como ser racional en última instancia. Y a pesar de estar contento con el camino recorrido, la depresión por ser el apartado en la cual caí por mis años de secundaria (polimodal, para ser preciso), no es ni por lejos aconsejable. No es agradable. Y aún muchos años después, no es explicable (porque entre otras cosas, lo que nadie me enseñó es a comunicarme).
Pasaron los años, los cursos. Pude ir a la universidad. Pública. La Facultad Regional Haedo de la Universidad Tecnológica Nacional, de la cual guardo un inmenso cariño. No pude con mi carrera de Ingeniería Aeronaútica. Desconozco si no era mi destino, o simplemente no estaba preparado para la exigencia. Sin embargo, dentro de la misma Facultad, encontré refugio en la carrera de Tecnicatura Superior en Programación.
Llegaba al mundo una hermana para mí, por lo que mis padres no podían seguir pagando mis estudios, y tuve que salir al mercado con nula experiencia y pocos a pedir un empleo.
Inmensamente agradecido estoy a la pyme que me brindó la oportunidad de desarrollarme profesionalmente, con mis pocos 21 años en aquella época. Pero cabe aclarar que no recibí ayuda por parte de nadie para conseguir el empleo. Ni tampoco fondos provenientes de nadie más que mi familia para subsistir aquella primera época.
Debido a la exigencia del trabajo, no pude continuar con mi carrera. La cual me debo terminar... por lo que el año pasado decidí retomarla. Esta vez, en otro instituto y de forma virtual. Pero quiero terminar mi carrera. Y -otra vez- sin ayuda de nadie.
Actualmente, estoy planeando casame con mi novia, y festejarlo con un sueño en común que tenemos ambos: conocer Grecia. Y ¿sabe usted cuánto cuesta a una pareja de jóvenes promedio cumplir sus sueños?
Yo jamás recibí ayuda por parte del Estado... ni aún cuando la necesitaba para continuar con mis estudios. No recibí ayuda para conseguir buenas notas en ninguna etapa de colegio. No recibí ayuda para conseguir mis empleos. No recibo ayuda para cumplir mis sueños.
Por otra parte, mucho hice por quienes han sido mis pares en épocas de estudiante. Y lo mismo por quienes hoy son mis colegas. Me encargué una y otra vez de compartir todo cuanto sé, todo cuanto comprendo... y nunca dudé en resignar mis horas libres por ayudar a quien lo necesitaba.
¿Cómo cree usted que me siento cada vez que camino por las calles de mi antiguo barrio, frente a todos aquellos que me vieron esforzarme año tras año por mí y por los demás luego que ellos hayan recibido su confirmación que el mérito que hice no sirve de nada?
Nunca pedí por mí más que lo que merezco. Y cuando no pude, acepto el no haber podido. Pero cuando mi esfuerzo llega a buen puerto, tan solo espero ser recompensado en función de lo hecho.
Hoy camino avergonzado por las calles de mi barrio, siendo señalado por los demás. Como quién pudo, en vano.
Le escribo abiertamente, porque así como mis resultados no son secreto, tampoco debe serlo mi dolor por el desperdicio realizado.
Le escribo porque usted es el Presidente. Y espero que defienda mis derechos tanto como el de quienes me rodean.
Le escribo para pedirle justicia social, porque hoy soy el señalado, el excluido.
Hoy y ayer, Señor Presidente, nadie me ha defendido. Hoy y ayer, Señor Presidente, he sufrido bullying.
Christian Herlein
@chrisherlein
PD: haciendo referencia a "nadie me enseñó a comunicarme", tuvieron que pasar cinco meses para que pueda terminar de escribir mi carta.